Los peligros de la incertidumbre.



Debo aceptar que no manejo bien la incertidumbre. Me hace un daño terrible. Tiendo a angustiarme, ver todos los lados posibles y me paralizo. No puedo dormir. Sé que una de las cosas que tengo que hacer en la vida es aprender a manejar los periodos de incertidumbre, porque este es un elemento cotidiano en la existencia. Y si lo pienso bien y soy racional, claramente no quisiera conocer todas las respuestas.

Yo no sigo ningún deporte y la mayoría no los entiendo. Pero creo que hay una similitud entre los deportes y la democracia. Josep Colomer plantea que en una democracia hay certidumbre en las reglas e incertidumbre en los resultados. Sabemos que para ganar un partido de fútbol es necesario meter más goles que el contrincante y que los jugadores para anotar puntos no pueden tocar el balón con la mano. Qué vayan a hacer los jugadores, cómo anotaran o si anotaran lo desconocemos. Y esa es la gracia del juego. No podemos poner a los 22 jugadores en la cancha y decirles, la mitad de ustedes tiene que ganar pero no les vamos a decir cómo es válido anotar ni qué cosas no pueden hacer. No tendría ningún sentido. Tampoco sería válido jugar el primer tiempo con las reglas que ya conocemos y en el segundo decidir que lo que van a contar no son los goles sino los pases entre jugadores.

Y a veces parecería que en Colombia estamos en estas. Jugando sin saber las reglas del juego. O cambiándolas cada vez que queremos. Muchos ya han olvidado el colmo de los colmos cuando Fernando Londoño en su rol de Ministro de Interior y Justicia, ante el fracaso del primer referendo, intentó cambiar los porcentajes que le daban validez al ejercicio democrático. Afortunadamente no triunfó en su intento. Y no lo logró porque tenemos unas reglas que cumplir. Nos gusten o no.

Pero el gobierno de Uribe a veces parece olvidar esto. Y por la falta de claridad de lo que se quiere nos metemos en discusiones que no deberían ocurrir tales como la versada sobre la gramática de las iniciativas legislativas. No podemos seguir cambiando la Constitución cada vez que nos parezca. Parece que a todos los que apoyan esta idea, se les olvidó que la Constitución debe ser una guía de hacia dónde vamos como país, no un documento al que se le ponen y quitan cosas para lograr objetivos personales.

Gran parte del problema, desde mi perspectiva es la falta de claridad. Puede que por debajo de cuerda, todos sepamos que Uribe quiere reelegirse. Pero él es el presidente y por tanto, tiene que ser claro como jefe de gobierno. Y esa claridad debe ser con todos: con su partido político, sus electores, sus contrincantes, los otros partidos políticos y el resto de la sociedad que gobierna. Así se pueden discutir las posibilidades abiertamente y no en el plano hipotético como llevamos haciendo desde que fue elegido la primera vez.

Y este juego del qué pasará si nos está haciendo daño. A todos. A los partidos políticos que no saben cómo organizarse internamente, a los políticos que no saben cómo construir sus discursos ni qué acciones son estratégicas para sobrevivir y a la democracia que ha perdido la solidez de sus bases. Hemos perdido la incertidumbre en las reglas porque comprendimos que esas reglas las podemos alterar fácilmente, como ya se dijo “cambiando un simple articulito”.

Mi dosis de personalidad


Hay por estos días una iniciativa por parte del ejecutivo para penalizar la dosis mínima de consumo personal de drogas. Desde 1994 en Colombia todas las personas tienen derecho a portar y/o consumir una dosis mínima: un gramo de cocaína, cinco de hachís y veinte de marihuana. Esto se permitió con la idea del derecho a la libre expresión de la personalidad que nuestra Constitución defiende.

Pero ahora el Presidente y sus aliados políticos pretenden no sólo penalizarla sino darle tratamiento de enfermos a quiénes consuman. Según Andrés Felipe Arias "Uribito" para enfrentar al problema se va a ir "pedagogía o educación hasta las sanciones terapéuticas, en las que sí podría haber una limitación al derecho a la libertad en instituciones adaptadas para eso". En otras palabras a encerrar a todos los enfermos que consumen drogas. Facilísimo. Que los encierren a todos y así se resuelve el problema.

Pues resulta que no es tan sencillo. Para empezar porque no todo el que consume drogas es un adicto ni tiene problemas con su consumo de estas sustancias. Pero digamos, tan sólo para seguir la lógica uribista por un momento, que si están enfermos. La cura de esta enfermedad no es a la fuerza. No es como darle quimioterapia a un enfermo de cáncer, donde quiéralo o no le va a servir (aunque más de un médico diría que gran parte de la recuperación de cualquier enfermedad esta en la voluntad del paciente). Un adicto sólo tiene un chance de recuperarse si éste lo desea. En los grupos de adictos estilo Alcohólicos Anónimos, el primer paso es reconocer que se es impotente ante el alcohol o las drogas. Entonces encarcelar a todo el que consume drogas no va a resolver ningún problema.

Y ahí viene el otro asunto que a mí no me queda claro. ¿Cuáles son estas instituciones adaptadas para tratar con todos los enfermos? ¿De dónde van a salir a los médicos, psicólogos, psiquiatras y demás que los van a tratar? Porque si la idea es tratar a todo el que consume como enfermo pues el que lo debe curar no es un guardia del Inpec. Cualquiera que haya sido adicto o haya tenido un adicto en la familia sabe perfectamente que las instituciones de rehabilitación son increíblemente costosas, entonces quién va a asumir esos costos? El estado? las familias? Mis impuestos?

Solo hay un punto de la entrevista donde creo que Uribito tiene un buen punto: "Cada kilogramo de cocaína destruye cuatro hectáreas de bosque natural en nuestro país. Eso equivale a ocho canchas de fútbol. Cada kilogramo de cocaína implica muerte, implica terrorismo, implica flujo de caja para los criminales". Evidentemente cada vez que alguien consume drogas, en el país que sea se esta apoyando la guerra en Colombia. Debo aceptar que esa es una de mis razones para no consumir cocaína (esa y que me da miedo, y que creo que es peligrosa y que he visto el daño que puede llegar a hacer... pero esas son mis razones y no por eso rechazo a quienes consumen cocaína).

Sin embargo, la solución del problema no esta en criminalizar a quienes la consumen. Encerrarlos en las ya atestadas cárceles colombianas. Dándoles el mismo trato que a los asesinos y violadores (ojo... no el mismo trato que a los paramilitares quiénes si están felices, libres e impunes). Desde mi perspectiva, la solución es la educación. Una educación que fomente la tolerancia, los espacios de expresión y la aceptación de las personas. Entre más conocimiento se tenga sobre lo que pueden producir las drogas en términos físicos, emocionales y sociales, seguramente habrá una disminución en el consumo.

Pero esta no es la perspectiva del gobierno, que parece ver las cosas en blanco y negro. Y en realidad me da miedo. Es una actitud totalmente paternalista por parte del estado asumir el rol de "protector" de los ciudadanos. Y me parece que si se llega a aprobar la propuesta, se abre la puerta para permitirle al gobierno que legisle sobre otros asuntos privados. Hay estudios que dicen que los tatuajes hacen daño en el cuerpo, entonces por qué no prohibirlos? y de una vez prohibamos fumar, tomar alcohol y pintarse estrellitas en la mano (la tinta tiene que ser mala para la piel). Y si el argumento es que el consumo de drogas no sólo le hace daño a la persona sino a la sociedad pues prohibamos el alcohol y el cigarrillo. Los borrachos se suben en el carro, manejan y pueden matar a alguien, y cada vez que alguien fuma al lado mío me aumenta el riesgo de cáncer. Pero entonces las licoreras y las tabacaleras no estarían contentas y el gobierno no se va a enfrentar a tan poderosos sectores, cierto?

Ante esta iniciativa política un grupo de personas tuvo la maravillosa idea de salir a protestar de manera pacífica. El grupo llamado "Porte su dosis de personalidad" buscaba apoyar el derecho de todas las personas de elegir "si consume drogas sin convertirse en un criminal". Mostrando que hay muchas posibilidades de consumo para disfrutar la vida: "juegos, música, libros, arte, prensa, drogas". Y ahí se fueron todos a marchar en tres ciudades, en un acto que buscaba fomentar la tolerancia.

Yo no pude ir porque estoy en México, así que uso este espacio como mi propia dosis de personalidad, porque además del chocolate, el cine, el ocasional porro y la ginebra, para mí la escritura es mi forma de disfrutar la vida. Y creo tanto en el derecho de la libre personalidad como en el de expresión, como elementos claves para la consolidación de la democracia.

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Quiero expresar mi admiración a Daniel Pacheco, ex compañero de estudios y uno de los precursores de la iniciativa, quién valientemente en su columna de El Espectador aceptó ser consumidor de marihuana.

Para ver la entrevista completa a Uribito y su debate con Carlos Gaviria:
http://www.elespectador.com/impreso/politica/articuloimpreso130840-dosis-minima-error-o-acierto